
El Gráfico (30/11/1935)
La madre lo miró extrañada. -Cinco pesos son... son cinco pesos...
Había visto en la vidriera de la esquina, entre ositos y tambores, una pelota de fùtbol "SUPERBALL". Sobre ella, una breve inscripción: "$5". Era más que una inscripción. era un obstáculo. ¡Cinco pesos!
A fuerza de preguntar, llegó a enterarse que se necesitaban cincuenta monedas de diez y cien de cinco, monedas éstas, con las cuáles tenía ciertas lejanas relaciones. Él y ellas, eran como esos parientes que se visitan poco y se critican mucho.
-Mamá ¿un día vos no me darías cinco pesos?...
-Sí... cuando sea rica. Respondió la madre mientras seguía "refregando" en la pileta de lavar.
Soñaba con esa "SUPERBALL". Le contaba los gajos, la miraba, la inflaba con su ilusión. Se acercaba tanto al cristal para verla, que la naríz se le achataba y del otro lado parecía masilla.
-¡Si tuviera la pelota! ... Tendría que ponerle grasa para que durara más. ¡Que lástima ensuciarla!
Sin embargo, era necesario. Luego jugaría con ella. Sería la fuente de donde emanarían partidos memorables. De mañana temprano, cuando los amigos no lo vieran, jugaría solo en su casa, practicando y practicando, para saber más que los demás. Sería eso, como tener maestra en casa.
-Mamá... si vos me dieras cinco todos los días...
-Para dártelos, tendría que sobrarme... Y vos sabés que aquí nada sobra, sino que falta, m'ijito.
Era buena la madre, hondamente buena. Resignada en su pobreza, luchaba sin tregua. Ni el cansancio, ni las necesidades impedían que diera a su hijo, una contestaciòn amable. Si ella tuviera los cinco pesos, correría hasta la esquina, compraría la pelota y se la pondría en los desdentados zapátos del pibe, aunque no fuera Noche de Reyes...
A la mañana temprano, el purrete corría a ver la pelota. Daba los buenos días a esa novia que sobre su cara tenía un cartelito que era su esquive. Apoyaba la naríz contra el cristal, dejaba un redondelito de huella y volvía a su casa a contar, otra vez, unas monedas que tenía en una vieja cajita. Las venía juntando y juntando...
¡Pero que lejos estaban los cinco pesos! Constituían un horizonte, que se alejaba a medida que el chico daba un paso para alcanzarlo.
Una tarde vio a su vecino, el "niño bien" de la cuadra, con la pelota. No lo quiso creer. Corrió hacia la vidriera de la esquina. Era cierto: la "SUPERBAL" no estaba. Entonces se le acercó al vecino y le dijo: -A ver... ¿hacés jueguito?; y el otro, con un torpe movimiento, ensayó aquella jugada. Entonces con profunda amargura, con una voz que tenía agazapada la protesta, agregó: -¡Y A VOS QUE NO SABÈS HACER EL JUEGUITO, TE DAN LOS CINCO PESOS!...
Y se fuè pensando en la injusticia...
('Borocotó' Comenzó escribiendo sobre ciclismo, en las primeras décadas del siglo XX. Luego se pasaría al remo. Pero terminaría su historia personal escribiendo sobre su mayor pasión, la máquina del siglo y el deporte motor. Ricardo Lorenzo Borocotó fue sin dudas el mayor maestro periodístico de los primeros años. Periodista de El Grafico -entre otros medios- tuvo la posibilidad de vivir de muy cerca la era gloriosa del automovilismo Argentino. Uno de los periodistas más citados, cuando de obras del automovilismo histórico se trata.)